domingo, 10 de diciembre de 2017

¿Alguna vez...?

¿Alguna vez has viajado sin dinero, a expensas de lo que la calle pudiera ofrecerte? ¿Has dormido bajo las estrellas, en la playa o perdido en mitad del monte? ¿Te has embarrado sin importante nada más que disfrutar el momento, has dormido bajo un puente o pasando frío en las calles? 

Muchas personas no comprenden cómo alguien puede hacer todo ésto, cómo se puede querer "sufrir" voluntariamente, "pudiendo" viajar cómodamente. 

He aquí la respuesta. 

El primer punto obviamente es el dinero. Cuando realmente te gusta algo, no dejas de hacerlo por falta de dinero, sino que luchas por ello y aceptas todos los daños colaterales, porque aún así serás más feliz que si te quedas en casa pensando en el "y si..."

Y en segundo lugar: porque en eso consiste para mí la vida. De todos los viajes que he hecho, los mejores recuerdos me los llevo de aquellos en los que la improvisación es el punto fundamental. He viajado en blablacar y cuando me han preguntado dónde quería que me dejaran me ha dado igual porque no tenía un sitio concreto dónde ir, y por el camino he descubierto rincones que jamás hubiera imaginado. He dormido tantas veces en la calle que ni siquiera las recuerdo. He dormido en unas escaleras de metro de Madrid, en un parque y me han mojado los aspersores en la madrugada; he dormido en las playas de Almería, en las de Tarifa con el levante y un sólo paravientos para arroparme y sí, probablemente esas noches no fueron las que más cómoda dormí, pero me sirvieron para apreciar otras muchas cosas, y valorar aún más mi cama al regresar a casa. 

He aprendido a viajar sin apenas nada, a desprenderme de todo lo material y descubrir que cuanto más ligero viajas, más disfrutas. He conocido realmente a mis compañeros de viaje, he reído, pasado frío y calor, llorado también, echado de menos mi brasero; pero siempre los recuerdos han sido preciosos. 

He aprendido a valorar cincuenta céntimos, un maldito medio euro porque me ha hecho falta para comprar una botella de agua y no tenía. He aprendido que es fácil apiadarse de las personas que no tienen nada y piden en la calle, pero que es más fácil verse en esa situación de lo que pensamos. En serio.

Por eso odio cuando alguien juzga mi forma de pensar, porque sí, estaría más cómoda en un hotel de cinco estrellas, con jacuzzi, sauna y servicio de habitaciones. Pero aunque fuera millonaría preferiría mil veces una pensión de habitación y baño compartidos, preferiría mil veces una tienda de campaña a unos amohadones de plumas, porque prefiero vivir intensamente a vivir cómodamente. 

Y soy feliz. 

Esto no quiere decir que no luche por tener una vida económica estable, de hecho y por desgracia, he aprendido lo jodidamente necesario que es el dinero en esta vida. Pero sé que no necesito tener más de una mínima cantidad de dinero para ser feliz, probablemente mucho más de lo que sería si tuviera más recursos. 

Aprende a no necesitar demasiado y serás más feliz de lo que imaginas. Aprende a valorar el camino y te terminará gustando más que el propio objetivo. 


jueves, 2 de noviembre de 2017

Hermana.

Cuando llegaste a mi vida era demasiado pequeña para ser consciente de lo que ello implicaría. Recuerdo que te pusieron en mis brazos y tenía tanto miedo de hacerte daño, parecías frágil como el más hermoso de los suspiros. Olías a vida, a inocencia. Tenías los ojos cerrados y no te atrevías a abrirlos, como si aún no quisieras ser consciente del mundo.

Después te convertiste en el centro de atención, y reconozco que durante un tiempo eso me molestó. Eras la pequeña y todas las miradas iban hacia ti, incluso la mía. Eras especial, dulce, dependías de los demás para sobrevivir. 

Poco a poco fuiste creciendo sin apenas darme cuenta. Entonces empezaron las discusiones por qué dibujitos ver en la tele y por los juguetes. También fuiste objeto de muchas de mis travesuras y juegos, y tú seguías con esa inocencia en la mirada. 

Desde siempre supe que éramos totalmente diferentes. Tú jugabas con barbies y yo rodaba por el barro, a ti te gustaba cortarles los vestidos a las muñecas, mientras yo me sentía orgullosa de mis heridas. Tú te pintabas los labios, y yo construía cabañas. Sí, siempre fuiste muy presumida, apenas te veíamos en el suelo y ya ibas con tus vestidos y bolsos, te sentías bonita y especial. Pero yo no te comprendía, pensaba que estabas loca. 

Con el tiempo sentí que nos separábamos a pasos agigantados, llegué a la adolescencia y ya no tenía ojos para ti. Sentía que éramos como dos extrañas, viviendo bajo el mismo techo, pero que apenas se conocen entre sí. Ya no hablábamos, no jugábamos, no teníamos confianza. Y hoy quiero pedirte perdón, porque sé que era tu modelo, que buscabas seguir mis pasos y que mi deber era dejarte un camino fácil. Pero ni yo misma sabía cuál era el camino, me encontraba perdida, tropecé mil veces y tú encontraste ese camino destrozado. 

No fui un buen modelo, y hoy puedo verlo en ti. Sé que no soy la mejor hermana del mundo, pero puedo decirte que te quiero, que eres parte de mí, y que aunque no lo creas te conozco perfectamente, a veces mirarte es ver un reflejo distorsionado de mí misma. Te he observado todo este tiempo y sé que ahora estás pasando por un momento difícil que es la adolescencia, esos años que yo ya pasé.
Sé lo que sientes, aunque no lo reconozcas. Sé que, aunque estés rodeada de personas, a veces  te puedes sentir muy sola. Por eso quiero que sepas que estoy aquí. Que tienes una hermana, que soy tu amiga, que tengo tu piel y tu sangre, y que quiero que cuentes conmigo para lo que necesites.

Que no quiero ser tu modelo ideal, pero sí tu guía, tu apoyo. Que quiero que seas tú misma, pero que no te sientas sola. Hoy cumples quince años, y sigo sintiéndote aún en mis brazos como la primera vez. Ya no eres un bebé, pero para mí siempre serás esa personita inocente que me presentaron como mi hermana. Esa personita que cuando aprendió a hablar no sabía pronunciar mi nombre, esa personita tan valiente a pesar de todas las adversidades.
Por muy lejos que estemos, siempre te sentiré cerca. Siempre vas a estar en mi corazón y mi mente. Y aunque ya no compartamos el mismo techo, aunque tomemos distintos caminos, sé que siempre estaremos juntas. Sólo espero que tú también lo sientas, que confíes en mí, que comprendas mi imperfección, que me quieras por quien soy, como yo te quiero por quién eres: 

Mi hermana, fruto de la mujer más perfecta que hay sobre la Tierra. El mejor regalo que me hizo, una compañera de por vida, una parte de ella creada con el mejor de los deseos: que nos cuidáramos cuando ella ya no pudiera hacerlo, para que nunca nos sintamos solas y siempre podamos verla en los ojos de la otra. Eso eres y serás, una parte de nosotras, una parte sin la cual no estaría completa. Espero que me des la oportunidad de serlo para ti. 

Te quiero.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Estrellas.

«Todos tenemos un secreto encerrado bajo llave en el ático del alma». 

Hay personas ahí fuera en forma de estrellas. Estrellas que entran en ti e iluminan tu interior. A través de esa luz puedes verte mucho mejor a ti misma, como si todo lo que supieras de ti hasta ese momento fuera solo un pequeño porcentaje de lo que realmente eres. Sí, hay personas especiales, personas que marcan, que dejan huella. Que llegan cuando más lo necesitas, aunque no lo pidas, y te muestran lo que realmente vales, que te sacan sonrisas en los momentos más inesperados, que convierten lo cotidiano en magia, que te aman con todo su ser. Aman tanto que se olvidan de sí mismas y proyectan todo su bien en ti, llegando a consumirse y explotar. Entonces sientes que te rompe por dentro, que todo se derrumba y un inmenso vacío a tus pies. Pero con el tiempo descubres que se ha convertido en una supernova que brilla muchísimo más, aunque ya lejos de ti. Al final aceptas que esas personas mecerecen lo mejor, merecen brillar, ser felices por sí mismas; aprendes que amar significa saber dejar ir cuando es necesario, cuando descubres que el brillo ya no da calidez, si no que empieza a quemar. 

Te llegarán pequeñas piezas de esa persona como si se tratara de un puzzle, sabrás que es feliz y comprenderás que tú también lo eres, que las cicatrices son bonitas, que son necesarias. Forman parte de ti. Y sólo puedes dar gracias a la vida por darte la oportunidad de vivir esos momentos, de conocer la plenitud, la felicidad. 

Y aprender a ser la estrella de tu propia vida.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Efecto Mandela

“A veces recordamos lo que nunca sucedió”. 

Quién me conozca bien sabrá que soy una pesada y que siempre estoy citando frases de Carlos Ruiz Zafón. A estas alturas creo que sobra decir que es mi autor favorito. Empiezo a pensar que, haber leído todos sus libros empezando mi adolescencia debió marcarme de algún modo, y ahora, frases de sus libros vienen a mi memoria ante muchas situaciones cotidianas. Pero esto es sólo una pequeña introducción a lo que hoy quiero exponer. 

Muchas veces el pasado nos tortura, como una espinita clavada en algún rincón de nuestra alma, sin saber exactamente dónde, pero está ahí y nos va marcando poco a poco. No resulta extraño descubrinos a veces rememorando algún momento o sintiendo pena por lo que ya no es.
Yo, precisamente, tengo gran tendencia a ser nostálgica. Casi es como una pequeña tortura que me aporta cierto placer. Soy de las que piensan que si dejamos de dar importancia al pasado, no tiene sentido tampoco esforzarnos en el presente, pues terminará siendo pasado. Por eso sé valorar en cierta parte lo que ya no es, pues al fin y al cabo es ahí dónde está el aprendizaje y la experiencia. Pero también es cierto que hay que saber marcar límites, y ver cuánta importancia debemos conceder a cada espacio temporal. Y para apoyar esta idea, me gustaría hablar del curioso “Efecto Mandela”. Quizás lo conozcas o quizás no, quizás contigo funcione, o no. Pero es un fenómeno que ocurre a nivel grupal y está demostrado. 

¿Sabes quién es Nelson Mandela? Antes de seguir leyendo, piensa un momento en él, imagínalo e intenta recordar su historia. Si no tienes demasiada información sobre él, quizás recuerdes pequeños aspectos que has visto en televisión, como que ganó el Premio Nobel de la Paz.
¿Hace cuánto murió? Intenta pensar en una cifra de años aproximada. 

Aquí está el aspecto curioso. Una gran parte de la población piensa que Mandela murió hace aproximadamente treinta años, mientras que otros aseguran que fue sólo hace unos cuatro años. Realmente murió en 2013, pero las personas que piensan lo contrario habrían puesto la mano en el fuego, pues están seguros de que murió hace mucho tiempo. 

Otro ejemplo aún más difundido. Piensa en el muñeco del conocido Monopoly. Intenta imaginarlo.
Te ayudaré un poco. Voy a ir dándote pistas. 

- Es un hombre mayor.
- Con bigote.
- Sombrero.
- Monóculo.

Espera... ¿Monóculo? ¿Estás seguro que lleva monóculo? Si has imaginado a este muñeco con una lente en el ojo, si estás absolutamente seguro de que es así, te diré que no. Realmente el muñeco del Monopoly nunca ha tenido monóculo. Puedes buscarlo en internet y sorprenderte. Y sin embargo, una gran parte de la población está segura de haberlo visto así. Y hay muchísimos más ejemplos del “Efecto Mandela”. Si estás interesado, puedes buscar más información. 

También ocurre a nivel personal. A veces, por ejemplo, vemos de nuevo una película y esperamos una escena o una frase que recordamos perfectamente, y sin embargo no sale, o es diferente a como recordábamos.
¿Por qué ocurre esto? Hay muchas teorías. Muchas hablan de universos paralelos y diferentes dimensiones. Yo, estudiante de Psicología, evidentemente apuesto por nuestra mente, que no es tan perfecta como creemos. De hecho, hay muchos fenómenos psicológicos, como la Disonancia Cognitiva, que hacen que podamos dudar de lo objetiva que es nuestra mente. 

Esto hace que recuerde mis “queridos” años de bachillerato, cuando pensaba que Descartes era una chalado por dudar hasta de sí mismo. Pero con el tiempo veo que no estaba tan lejos de la cordura, pues es verdad que a veces nuestra mente nos juega malas pasadas, y podemos llegar a estar seguros, hasta el punto de apostar lo que sea, por una idea que realmente nunca sucedió. 

Por eso me gusta darle importancia al pasado, pero hasta cierto punto, porque con el paso del tiempo nuestra mente distorsiona los recuerdos, los sentimientos y sensaciones; y no podemos ser del todo objetivos. Es muy típico, por ejemplo, recordar una relación pasada mucho más penosa de lo que realmente fue, simplemente porque finalmente las cosas salieron mal. Nuestra mente, para hacer más llevadera la ruptura, nos convence de que prácticamente todo era malo, y por el camino se pierden muchos buenos recuerdos y enseñanzas. O justo al contrario, con el tiempo nos invade la pena recordando principalmente los aspectos positivos de una relación que realmente no era tan buena.

Mi teoría sobre el “Efecto Mandela” es que el ser humano tiene tendencia relacionar cosas, atar cabos. Por ejemplo, Mandela ganó el premio de la Paz en 1993. Si en algún momento alguien ha estudiado esto en el colegio o simplemente lo ha visto en la tele, es “normal” que piense que este hombre murió hace tiempo, pues lo vemos como una fecha muy lejana, y si ganó este premio ya debía ser mayor. 

O para el muñeco del Monopoly, lo cierto es que tiene el aspecto de hombre mayor del siglo XIX, y tenemos tendencia a imaginar a estos hombres, especialmente los de clase alta, con monóculo. Por eso, quizás, nuestra mente lo relaciona e involuntariamente imagina a este señor así.
Sea como sea, es un efecto muy curioso que nos hace preguntarnos cuánto podemos fiarnos de la objetividad de nuestra mente, especialmente respecto al pasado. 

Por ello, no debemos olvidar quién somos, el camino que hemos andando y cómo nos ha ido fortaleciendo, pero no quedarnos anclados en un pasado no objetivo, y ser capaces de mirar más allá.
 

martes, 10 de octubre de 2017

Opinión: Los renglones torcidos de Dios

Llevo mucho tiempo sin escribir. A veces siento que la rutina me aparta de mi propia vida personal, como un tsunami inmenso, que ves venir desde lejos pero del que, por más que corras, no puedes huir. Me atrapa, me revuelca en sus aguas, recreándose en mi desesperación, y me lleva lejos de esta isla desierta en la que me gusta refugiarme, mi isla de pensamientos, de ideas, mi isla en la que puedo leer, pensar, soñar, imaginar.

Pero hoy vuelvo, fuerte de nuevo, dispuesta a luchar contra el tiempo, dispuesta a rebuscar debajo de las piedras pequeños instantes para dedicarme a mí, para escribir, para ofrecer al mundo todo lo que tengo dentro.

Instantes para dejarme volar, sin sentirme mal porque el tiempo corre en mi contra, porque hay demasiados trabajos que entregar y demasiados temas por estudiar.
Al fin y al cabo, debemos formarnos como profesionales y servir de algo al mundo, pero también debemos formarnos como nosotros mismos, porque no somos máquinas de solo trabajar. Y probablemente pueda aportar mucho más al mundo por ser yo misma que por convertirme en una máquina más de estudio y trabajo.

Así que con esta entrada inauguro este nuevo blog, que estará dedicado tanto a opiniones sobre libros, sentimientos, viajes, y mucho más. Un blog dedicado a mí misma, y a quien quiera conocer un poco más, tanto de mí, como del mundo a través de mis ojos.

Evidentemente este blog será tan personal que toda opinión que yo pueda dar está sujeta completamente a mi punto de vista. Lo que a mí me gusta, a otro le puede desagradar, pero toda opinión debe ser respetable, y más en este ámbito de la literatura. 

Y ahora bien, mi primera opinión literaria será sobre Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena.

Sipnosis: Alice Gould es ingresada en un sanatorio mental. La extrema inteligencia de esta mujer y su actitud aparentemente normal confundirán a los médicos hasta el punto de no saber si fue ingresada injustamente o en realidad padece un grave y peligroso trastorno psicológico.

Todo el libro está narrado en tercera persona, pero de forma omnisciente, por lo que podemos entrar prácticamente en los pensamientos de la protagonista y sentirla tan cercana como si nos estuviera susurrando al oído. El libro cuenta la historia de Alice Gould, una detective que ingresa en un psiquiátrico haciéndose pasar por una paciente más. Su misión es descubrir a un asesino que se encuentra interno en dicha institución, pero para ello debe vivir todo el proceso como si realmente padeciera un trastorno. Se describen las características del lugar de forma que eriza la piel. A menudo uno se siente agobiado, se imagina entre aquellas paredes y Alice nos transmite su desesperación y ganas de salir de allí.

Los renglones torcidos se refiere a aquellas personas que, por alguna razón, padecen algún trastorno mental. Es un término que, en mi opinión, considero algo despectivo para definir a esos sujetos que se salen de "la línea perfecta" de la salud mental.
El autor de este libro pasó varios meses conviviendo voluntariamente en un psiquiátrico, como la protagonista. Por ello conoce de primera mano muchos de los trastornos, y describe muy bien los diferentes personajes, cada uno con su peculiaridad, de manera que los hace reales, perfectos a su manera.

Esta es la línea general del libro, una detective que convive en un psiquiátrico. Ahora, personalmente no he disfrutado tanto el libro como en un principio pensaba que sería.
Quizás sea el hecho de que iba con muchas expectativas pues es un libro de mucho renombre, que me habían recomendado encarecidamente, y pensaba que desde el primer momento me sumergiría en sus páginas de forma placentera. Pero la realidad es que me ha costado bastante llevar a cabo esta lectura. En primer lugar está escrito en un lenguaje antiguo, que no facilita la rapidez lectora. En segundo lugar, hace mucho hincapié en descripciones que se hacen algo pesadas, y en tercer lugar, a lo largo de la lectura sentía que la trama no avanzaba, pasaban páginas y páginas y no pasaba nada relevante que me entusiasmara a seguir leyendo.

Sí es verdad que durante toda la lectura se mantiene un punto de intriga, una duda que es la que me animó a seguir leyendo hasta el final, ya por pura cabezonería, pero no por qué realmente me enganchara. De hecho, he tardado mucho en terminar el libro y prácticamente lo he hecho a desgana. Y bueno, el final en cierta forma pone fin a la duda, pero tampoco es algo que te sorprenda o no imaginaras ya.

Pero, sorprendentemente, aunque la lectura en sí no me gustó, me quedo con una buena sensación del libro en general. Creo que es una libro necesario en la vida de cualquier lector, ese tipo de libros que sabes que son especiales y únicos a su manera. Es un libro diferente, con una historia diferente, con un lenguaje diferente, un mundo diferente y real, al que no estamos acostumbrados.

Por todo ello, aunque mi opinión no sea muy favorable, recomiendo darle una oportunidad. Quien se atreva a aventurarse en sus páginas probablemente le cueste avanzar, pero cuando lo termine sentirá una gran satisfacción y observará que, de una forma u otra, este libro cambia su forma de ver a las personas con alguna enfermedad mental, hace sentir compasión y gratitud por la vida. Y al final, como en la mayoría de lecturas, los personajes quedan en tu cabeza, de forma que hay una gran diferencia entre leer el libro y no leerlo.

Yo siempre intento apostar por el sí. Así que os animo a leerlo y a crear vuestra propia opinión.


Citas relevantes: 

De este libro he señalado muchas partes en las que hablaban de aspectos psicológicos y mencionaban  términos y autores importantes en este ámbito, pero me quedo con dos citas especiales, la primera extraída de una reflexión de Alice sobre el arte, y la segunda extraída en otra parte en la que hablaban sobre la fobia: 

- "El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la subsistencia y con la reproducción de la especie. No le basta vestirse para abrigarse, sino que añade la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas armoniosas y caprichosas. Todo eso que está inútilmente añadido a la pura necesidad... ¡ya es arte!"

-"La fobia es un pretexto que se ha inventado el organismo para ocultar un terror verdadero, justificado, pero que la mente se empeña en ignorar". 


¡Muchas gracias por la lectura! Deja tu opinión y la leeré encantada.